Donde a veces estoy (5)

Julio

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Donde a veces estoy (4)

Estoy con un pie en Barcelona y otro en Ecuador.

Donde a veces estoy (3)

Ahora que sé que estoy a punto de acabar, lo noto, me pesan los ojos y un poco la lengua, empiezo a castigarme de cara a la pared mientras me digo a mimisma que ésto no es lo que debería haber hecho, pero... es lo que hay: cuatro letras y un tapón.

Donde a veces estoy (2)

Donde a veces estoy (1)

Aquí.

¿Dónde está la palabra que me he inventado? (9)


Pues la palabra que me he inventado debe de estar dándose una vuelta por ahí. Sé que ha pasado por casa porque ha dejado algunos recuerdos al lado de los imanes de la puerta de mi nevera. Mientras tanto, yo sólo escribo cosas que empiezan siempre igual: a veces. Escribo poco y releo lo que escribo aún menos, pero, a veces, abro una carpeta y aparece algo (algo me parece la denominación más adecuada): unas cuantas frases que en algún momento me parecieron significar alguna cosa. Pues todas ellas empiezan por “a veces” y es que creo que mi vida es eso: un a veces. A veces canto, lloro, me enfado, río, juzgo, comparo, sueño, hablo, espero, vuelvo a soñar, salgo, me emborracho, fumo, fumo, fumo a veces más que sueño, miro, leo, imagino, como, voy a la piscina, amo, aprendo, odio. Ésto es todo lo que pasa a veces. Y es curioso porque ayer tenía ganas de escribir sobre una caja negra que me había encontrado pero hoy me he detenido en ese dichoso a veces. Creo que últimamente me preocupa más el tiempo que la palabra inventada. Debería cambiarle el subtítulo al blog.

¿Dónde está la palabra que me he inventado? (9)

A veces, tengo la extraña sensación de llegar tarde a todo. Tengo también, una terraza más grande que mi piso. Es por esta razón por la que cuando llega el verano, mi casa se hace gigante. Pese a esta situación que año tras año me acompaña, por las noches nunca me siento en la tumbona a tomar el fresco y a leer bajo la luz de la bombilla que ilumina la terraza. Suelo hacerlo sentada entre los dos escalones que separan el piso de ese pseudo jardín al que durante el día y especialmente, durante los días de primavera, me dedico a observar y mimar con una paciencia casi enfermiza. Me ilumina la luz de un fluorescente al que nunca recuerdo haberle sacado el polvo. Entre esos escalones leo a John Cheever: otro descubrimiento al que me ha precipitado mi precipitador preferido. Ha sido justo después de cerrar el libro, de apagar un cigarro que estoy segura que no será el último, de pensar en tres personas y de no saber en que orden han sucedido estas cosas cuando he pensado que tenía la extraña sensación de llegar tarde a todo. Me he levantado, he entrado en casa, he corrido hasta el ordenador y he escrito mi extraña sensación mientras la luz de una pantalla perfilaba la silueta de mis dedos. Ha sido muy breve. Demasiado.

¿Dónde está la palabra que me he inventado? (8)


PALABRA

La palabra es poder y no poder
una adarga o una ofensa loca
puede elevarse sobre las miserias
o ser también una miseria crónica

puede sonar en mansa compañía
o parecer atribulada y sola
erigirse en la voz de los más sabios
o ser un pobre eco de las otras

si la palabra calla en pleno invierno
es porque en el verano se desborda
y si en otoño cae en voces secas
es porque en primavera dice rosas

la palabra es de todos y es de nadie
acierta a veces y otras se equivoca
pero cuando enmudece nos quedamos
perdidos en la jungla de las cosas.

Mario Benedetti
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